Qué pasó, cuándo, cómo. Mecanismo, zona y si hubo cirugía. Y las pruebas de imagen que tengas, si las tienes.
Qué tratamiento has hecho, si es que hiciste alguno, cuánto duró y qué te dijeron que podías hacer después. Si no fuiste a nadie, también es un dato.
Cuántas veces ha vuelto, en qué momento y haciendo qué. Este patrón suele explicar más que la lesión original.
Dos personas con el mismo diagnóstico pueden necesitar planes opuestos. Lo que decide no es el nombre de la lesión: es cuánto tiempo llevas sin cargar, cuántas veces has recaído y qué estabas haciendo cada vez. Sin ese historial, cualquier programa es una plantilla con tu nombre encima.
Con eso llegamos a la videollamada sabiendo qué hay que medir.
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